jueves, diciembre 28, 2006

Carmela

Un sábado de mayo/06, al terminar nuestra jornada manualera recibimos una llamada de nuestra vecina, avisándonos de que nos apersonáramos lo más pronto posible porque nos habían robado la tubería de cobre en el techo de la casa.

Dos truhanes habían osado allanar el domicilio para sustraer tan codiciado metal. Al mismo tiempo sospechamos que fue un trabajo planeado ya que un par de días antes por misteriosas razones se abrió la reja de la casa, situación que ocasionó que Lucas y Samantha (nuestros perros de entonces) salieran para no volver (cosa que nos tenía extremadamente tristes).

Al no contar la casa con la protección que nos brindaban los canes, los caquitos aprovecharon nuestra ausencia para realizar su labor. Afortunadamente un vecino descubrió a los tipejos e incluso los persiguió y atajó. El H. cuerpo de policía zanjó el asunto llevándose a los delincuentes a proceso criminal.

Ya sólo nos quedaba realizar las acusaciones pertinentes, para lo cual nos trasladamos a unas instalaciones del Ministerio ubicadas al Poniente de la ciudad, en el Periférico.

Fue una mala tarde.

Sin embargo, algo alegró nuestro día. Habiendo terminado de realizar los trámites de la demanda me dispuse a realizar una operación en un cajero que se encontraba en ese edificio público.

Una gata panzona rondaba por el pasillo del inmueble. ¿Qué hacía un animalito por esos rumbos? Sábado por la tarde, poco movimiento laboral y ningún puesto de alimento en los alrededores que pudiera invitar a un gatito a buscar algo de alimento. Lida me esperaba en el estacionamiento.

Con mucho cuidado me acerqué y la llamé. No huyó y sí me hizo fiestas. Además, parecía tener una fractura en una pata delantera. Logré tomara por el cuello y con algo de trabajo regresé al coche.

¿Qué hacíamos ahora con una gata embarazada? Pues qué remedio... Llamamos al Dr. Irwing y le explicamos el incidente. El animalito se quedó un par de días en observación; lo de su pata resultó ser una vieja lesión que ya había soldado... y sí, sí estaba esperando crías. Esta vez sí tendríamos gatitos.

La llamamos Carmela porque ya desde la Navidad pasada nos dedicamos a ver la primera temporada de Los Soprano.

Carmela tiene aliento a tuna (atún). Así que bajo la tonada de "Ay, Sandunga", yo le canto: "Ay, Carmela... Carmela hueles a pez.... Ya báñate, por favor, tan sólo por este mes".

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