jueves, diciembre 28, 2006

Cindy

Todos nuestros peludos son especiales y Cindy no fue la excepción. Durante muchas mañanas, al dirigirnos al trabajo y cada vez que contábamos con la ventaja de un auto prestado, en una avenida del rumbo siempre veíamos deambular a una gatita de pelaje chirmoleado (tortoiseshell les llaman en inglés: concha de tortuga). ¡Ese era un modelo que no teníamos!

Yo creo que Lida debiera dedicarse a ser de esas brujas que predicen los acontecimientos, porque cada vez que la veíamos me decía: "Esa gatita algún día va a ser mía".

No podíamos saber qué edad tenía la gata, pero pronto lo averiguaríamos. Una mañana de agosto (2006), en alguna vuelta que dio Lida a la casa por alguna diligencia pendiente, se topó con una escena desagradable: la gatita en cuestión se encontraba severamente lastimada. Deambulaba con la cola desprendida.


No sé de dónde sacó fuerzas para bajar del auto, agarrar a la gata y, así sin jaula, llevarla a la veterinaria. En breve consulta con nuestro veterinario, se determinó que el animalito perdería esa parte de su anatomía. Sin pensar en más, Lida encomendó a la gatita al veterinario y le puso rápidamente el nombre de Cindy, así, sin ninguna razón en especial.

Era de esperarse que Cindy pasara una buena temporada recuperándose de una cirugía reconstructiva. No sabemos el origen de sus heridas, pero nos tranquilizó el saber que la gata siempre (hasta ahora) se portó muy dócil. Durante su convalecencia le asignaron una compañera: una tabby a quien llamábamos Chucha, ya que ahí tenían otro gatito de la misma pinta de pelaje y quien se llamaba Chucho.

Y pues nos contaban que Cindy y Chucha se llevaban muy bien.

Ya llegaba el tiempo de sacar a Cindy de la veterinaria y durante algunos días dilucidamos acerca de la pobre Chucha, quien se quedaría sin compañera. Le preguntamos al doctor si habría algún inconveniente en que nos lleváramos a ambas, ya que habían hecho buenas migas. El veterinario sólo nos advirtió que Chucha tenía un padecimiento de la piel y estaba en tratamiento.

Para no hacerla más larga, las dos se fueron a casa. Durante un buen tiempo, incluso después de esterilizada (operación que se llevó a cabo a principios de octubre), me preocupó que Cindy estuviera muy flaca.

Yo no sé ustedes, pero para mí, el estado rollizo es una buena señal de salud, por lo que cualquier signo de anorexia nunca será bueno. Y sin embargo, Cindy comía muy bien. Para mi tranquilidad, ya fue a finales del año cuando noté que la gata comenzaba a "tomar forma". Sólo espero que no vaya a tomar las dimensiones de Charlize o Marita.

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